
Anoche fuimos felices sintonizando El tímpano de Canal 11. No ha sido una, sino muchas las noches que nos hemos emocionado y hemos cantado en el contexto acústico y “sala de estar” de este programa.
El de anoche fue -a mi gusto- el mejor programa que hemos tenido de tímpano: Panchito Varona y Antonio García de Diego. La alegría, la emoción, la sintonía de acordes-recuerdos logran que el corazón se derrita cuando escuchamos a esta “banda” que hace años nos ha conquistado.
Ahí estaban ese par de “Viceversas”, de “Cias” y esta vez sin la voz de Joaquín; pero si con las letras, con los acordes, con los acompañamientos y las melodías que nos han dado tanta alegría.
Con una preciosísima Gibson acústica y el fenomenal Fantom X8 nos dieron, en casi una hora de programa, una pincelada de lo que estos genios saben hacer. Tocaron piezas que han de pasar a la posteridad, esas que llevaremos lejos cuando ya no estemos aquí.
Hablo de canciones de alto calibre como “Y sin embargo” y “A la orilla de la chimenea” Ese tipo de canciones que -en un punto del camino- nos han ayudado a resolver con gran dignidad el momento de ponernos románticos, de tomarnos la mano y de extrañarnos cuando no estamos juntos y de escribirnos cuando estamos lejos. O de abrazarnos y recordar esas canciones que hace años lograban enamorarnos y todo ese tiempo nos hicieron recordarnos.
Lo saben y lo confirmo: mi formación es Sabiniana y, por añadidura, Varoniana y Diegoniana. Cuánto nos han dado estos tipos con su música, con su poesía, con su sentir, con su forma de entender la vida. Con su labor hacen parecer que conocen mejor que nosotros lo que le pasa a nuestros corazones, lo que nuestra alma ansía. Así lo dicen sus palabras, sus notas, sus gestos, sus sonrisas…
A la luz de su entendimiento he confiado mi camino. Me emociona verlos, escucharlos, aprenderles un acorde, saber de ellos. Pronto estaremos en el Auditorio Nacional coreando y escuchando esas guitarras que anoche vimos de cerca, tan cerca que se leían las letras del atril.
Hace más de un año que las noches de sábado las he convertido en noches hogareñas llenas de poesía y de guitarra. Anoche no fue la excepción y gocé frente al TV de mi casa. Frente al TV de su casa estuvo también la niña caprichosa de nombre Sibyl a la que no sé decir “no”; a la que comparte canciones de Sabina y Cia conmigo y se emociona tanto o más que yo.
A ella se lo digo: tan lejos y tan cerca estuviste conmigo en cada canción.
Contamos los días para Vinagre y Rosas en el Auditorio.
GBo
Llena de magia la tarde del viernes, se prorrogo hasta la noche del sabado , en donde el tímpano nos unió hasta el corazón..
ResponderEliminarY si amanece por fin y el sol incendia el capó de los coches,
baja las persianas,
de ti depende, y de mí, que entre los dos siga siendo ayer noche,
hoy por la mañana.
esta muñequita de salón, niña caprichosa, desespera por poder disfrutar de tu mano ese tiramisú de limón......
ooh si debo admitir que ese programa es bastante bueno!!...
ResponderEliminarla musica tiene su magia... te transporta con la melodia, y te enamora con su poesia!
los sentimientos que no se hablan... siempre tienen solucion cuando se cantan!!...
la musica.. es otra manera buena de vivir!!!
un abrazo.. hombre musical!! (:
Ok listos!! para Sabina y para la iniciación!!!segura tendré el mejor Sensei.
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